martes, 21 de octubre de 2008

Pablo Vargas
21 de Octubre de 2008

El juego y el futuro

Paseando por las canchas, el pasado fin de semana, se me vienen dos importantes temas de los cuales uno se podría explayar. Sin embargo, también se trata de dos asuntos que, indirectamente, se conjugan. Uno es el valor de lo colectivo, y otra es la relevancia que nuestro básquet le da a su propio futuro.

Viendo el partido en que Boston College recibió a la Universidad de Concepción, es fácil resaltar ciertas diferencias en el juego que desarrollan ambos. Los maipucinos invirtieron fuerte esta temporada, buscando superar sus resultados de los últimos dos años, cuando fueron semifinalistas y se encontraron en esa ronda con Liceo Mixto. Aún cuando han transcurrido los meses, la química y la fluidez sólo aparece a ratos. No es un equipo en rodaje ni mucho menos, pero sigue teniendo fluctuaciones importantes en su desempeño a lo largo de los 40 minutos, cayendo en errores y teniendo problemas para cerrar los partidos.

Con un plantel nutrido en talento, a veces resulta incomprensible que gane cinco de seis duelos que les tocó seguidos de visita, estire su racha derrotando en casa al clásico rival (Puente Alto) para, posteriormente, caer ante uno de los colistas (Español) y el puntero (la U penquista). Para tener una gira tan exitosa en recintos ajenos, algo ha de tener el team. Sin embargo, en su gimnasio no termina de hacerse fuerte. Y son esas mismas “bipolaridades” que presentan dentro de cada partido, las que hacen que las “Aguilas” no estén más encumbradas en la tabla, luego además de una baja Fase Zonal.

Por contrapartida, la U de Conce en sus buenas noches –las que no son pocas- hace una apología al valor de la armonía colectiva en el tabloncillo. En el Super 4 jugado en casa y en su reciente visita a la capital, los penquistas demuestran que su fortaleza está en las capacidades individuales puestas al servicio del conjunto. Ahora, claro, las diferencias con Boston College no son pocas: si bien los del Campanil este año cambiaron de técnico, fue el asistente de Guillermo Narvarte quien se hizo del cargo, y el conocido Jorge Luis Alvarez ha puesto su impronta en el equipo, sumando un par de refuerzos útiles para suplir ciertas falencias detectadas con anterioridad. La solución no ha llegado, precisamente, por el lado de los extranjeros. No es que Jeff Abga, André Hardwick o Kenell Sánchez no aporten lo suyo, sino que son “uno más” en el tramado colectivo. De hecho, en Maipú los universitarios cerraron el duelo con sólo uno de los foráneos en cancha.

A eso se apunta con tanta vuelta. A lo relevante del fondo de juego, de la química, de la fuerza colectiva, a la armonía de los cinco que están en el parquet y los siete que pueden salir desde el banquillo. Ciertamente, no son los únicos que tienen esta virtud, pero ante un cuadro con nombres potentes, como lo es Boston, dejan en evidencia el valor del colectivo en un juego simple como el básquetbol. Ahora bien: nada de esto implica que U de Conce sea el “equipo perfecto” o que no tenga carencias. Las tiene, y quedan en evidencia a ratos (pero eso puede ser materia de otra columna en este blog).

Por lo demás, nada de esto garantiza títulos o gloria. De hecho, nadie se acordará en un par de meses si eran los que mejor jugaban si no coronan la campaña con un cetro. Pero es sano reivindicar lo colectivo en una liga que, se presuponía, dominada por el equipo que posea los tres mejores extranjeros. Los penquistas -tal vez- sean de los que más gasten en el ítem “salario de gringos”, pero eso no les ha garantiza calidad de los mismos (ojo, no digo que sean malos) ni mucho menos resultados.

Combinando a la importancia del juego armonioso en un deporte colectivo como éste, quiero detenerme en un asunto no menos relevante y asociado en el fondo a lo, hasta ahora, descrito. Por esas vueltas de la vida, este sábado “caí” en la eliminatoria regional para el Nacional de categoría Cadete. Más allá de los resultados, que no son relevantes, dos cosas me llamaron poderosamente la atención y me hace ser pesimista respecto del futuro.

Sin desmerecer los esfuerzos dirigenciales ni el empeño de nadie, no puede ser que un torneo de esta envergadura se dispute sin tablero marcador electrónico, con tiempo incluido, o sin reloj de control de posesión. La verdad, hace años no me tocaba ver que eso ocurriera. ¡¡¡Estamos en el año 2008!!! Y en el gimnasio donde se disputó el clasificatorio, todo se llevaba con cronómetros manuales en la mesa de control. ¿La verdad? Me parece no sólo impresentable, sino también irritante que no nos preocupemos de darle a los jóvenes las chances de jugar el juego como corresponde. ¿Tan así? Sí, tan así. Y pongo un ejemplo cercano: hace una temporada, si la memoria no me falla, Boca Juniors perdió un partido en la FINAL de la liga argentina porque en el transcurso del partido se echó a perder el reloj de 24 segundos. ¡PERDIÓ EL PARTIDO! Mientras, acá se juega con tiempo “manual”. Después no esperemos mejorar o medirnos con nadie.

Lo segundo: los chicos que vi en acción, de 15 y 16 años, presentaban una carencia brutal de fundamentos. Algunos, incluso, no tenían mayor conocimiento o manejo del juego. Y hablo de chicos de los equipos que dominaron el clasificatorio y no del colista, que se comió palizas de sobre 100 puntos de diferencia ante sus rivales y que tenía un plantel que -con suerte- se podría definir como de “novatos” de una escuela de básquet. Hay que decir que un “seleccionado” así no merece jugar. No por malo, sino que su carencia de jugadores evidencia que no existe competencia en la asociación a la que pertenecen, pues no había ni siquiera dos jugadores que supieran los fundamentos más básicos del deporte que jugaban.

Si a en los buenos había falencias, hay que imaginar la diferencia cualitativa respecto del más malo de los equipos del clasificatorio. Y resulta que, aunque no sea la zona más basquetbolizada del país, no puede ser que en donde hay más población, no haya en las series menores una masa crítica de jugadores que permita mirar con optimismo el futuro, menos si el quinteto que gana lo hace habiendo tenido algunos entrenamientos y sin mostrar (ni menos necesitar) un patrón de juego muy definido para superar al resto. Así, el futuro se ve nublado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Sebastián Alaniz
14 de Octubre de 2008


“La Lógica”



Un concepto raro o al menos poco aplicable en el deporte. La lógica permite hacer pronósticos fundamentados y adelantar resultados y posiciones. Romper la lógica significa quebrar esquemas, quedar en la historia y remecer los entornos de cada disciplina, no importa cuál sea dicho entorno, ni cuántos seguidores tenga.

Pasó con “Las Diablitas”, que derrotaron a una selección argentina que no perdía en 20 años. Está pasando con Fernando Alonso en la Fórmula 1, que sin estar en una de las escuderías grandes y supuestamente sin un auto capaz de pelear el campeonato, ya lleva 2 victorias al hilo. Pasa con Ovalle en la Copa Chile, que dejó en el camino a Coquimbo y a La Serena. Son casos que rompen la lógica y en un primer momento son inesperados, pero una vez ocurridos no son demasiado sorpresivos, dados los antecedentes previos. Alonso es uno de los grandes y ya ha ganado el título de pilotos de la máxima categoría. Coquimbo y La Serena no juegan con plantel estelar los encuentros de mediados de semana. Y “Las Diablitas” no son producto de la casualidad, sino de un trabajo bien planificado y que tiene como modelo precisamente a “Las Leonas argentinas”.

Y en el básquetbol estamos acostumbrados a que la lógica se rompa, aunque también siempre podemos encontrar antecedentes para ello. La semana pasada ocurrió con la Universidad de Concepción, puntero y ganador del súper 4, que fue a caer con el que hasta entonces era el colista absoluto, Español de Talca. Y también pasó con la selección universitaria de la UC, que con 5 jugadores Dimayor en su plantilla cayó frente a un plantel que prácticamente en su totalidad es amateur, el equipo de la Universidad Católica de Valparaíso, en la final del nacional universitario.

Esos dos resultados, contrarios a cualquier pronóstico “oficial”, tienen también su explicación. Español cambió extranjeros y tomó un segundo aire que le permitió 3 victorias en línea. Luego de vencer a Osorno y Valdivia, el quijote venía en racha y con la moral en alto para enfrentar a los penquistas, que habían además caído dolorosamente como locales frente a los Toros. Coincidieron estos dos momentos de estos dos planteles en la cancha y el resultado fue el que conocemos.

En el caso de la final universitaria se vivió con una dinámica distinta y con un argumento también diferente. El físico pareció ser determinante para un Felipe Contreras o un Christian Díaz, que estuvieron jugando toda la semana sin descanso, por haber jugado el fin de semana anterior dos partidos por Dimayor. Además está el factor concentración, que se notó en varios jugadores cruzados, ya que esa misma noche jugaban en Concepción por los puntos y varios de los hombres de Ureta “se fueron” del gimnasio de la USACH incluso antes de que comenzara el pleito. Del otro lado se encontraron con un equipo parejo, disciplinado, con una generosa y rendidora rotación de hombres, por lo que el duelo, que en el papel era para los santiaguinos, se volcó hacia los porteños. Incluso, haciendo un mal partido la UC, por la calidad y experiencia de su plantel, estuvo a poco de emparejar las acciones al finalizar el encuentro.

Es lo bonito de este deporte y del deporte en general. Poder argumentar correctamente sobre los pronósticos, para que de vez en cuando y de cuando en vez, se rompa de nuevo la lógica, se reciban sorpresas y se escriban páginas de historia, sin que eso amague nuestras ganas de seguir “apostando” por quién va a ganar el próximo fin de semana.

martes, 7 de octubre de 2008

Félix Farfán
7 de Octubre de 2008

Otra cosa es en chilito


He tenido la oportunidad de seguir durante un año el basquetbol universitario acá en Santiago y es muy difícil no pensar en lo que ocurre en la tierra de “Magic” y “Air”. El campeonato de la NCAA es un torneo que tiene, de por sí, muchos atractivos. No sólo por el hecho de que sus principales figuras lleguen a la NBA. Ayuda, claro está. Pero el camino que deben enfrentar en esa liga va generando una historia que en más de una ocasión ha sido transcrita a un guión de película.

El Final Four es una institución dentro del basquetbol norteamericano, y los partidos (que se transmiten por internet) suelen tener la afluencia de una buena cantidad de espectadores, principalmente estudiantes de las mismas casas de estudio que van a alentar a su equipo. A alentar sin la necesidad de desgastarse en canto tras canto, pero con la pasión e identidad suficiente para aportar al desarrollo del juego.

Acá en Chile todo es distinto. Hay dos torneos “grandes”: la Organización Deportiva de la Educación Superior (ODESUP, que reúne a universidades privadas fundamentalmente y, en el último año, se incluyeron las más tradicionales) y el de la Federación Nacional de Universitaria de Deportes (FENAUDE, que reúne a los torneos de las asociaciones regionales). Aquí todo es distinto a lo que uno puede ver en la competencia estadounidense: no hay cobertura suficiente; no tiene la espectacularidad de jóvenes promesas y no tiene restricciones.

No me refiero a restricciones en cuanto a que no hay reloj de posesión, ni a que se permiten cometer fouls sin parar. No. La gran restricción, en comparación al campeonato gringo, es en la presencia de jugadores profesionales en planteles universitarios. Es que en los parquets universitarios, a pesar de la condición de jugadores “profesionales”, uno se encuentra con muchos de ellos.

La presencia de esos jugadores (para la suerte de las respectivas casas de estudio) marca notables diferencias. Es distinto un partido de la UC con Cristián Díaz, Felipe Contreras, Bernardo Baeza, Jorge Narbona e incluso Milibor Bugueño (que si bien no juegan todo el tiempo en el plantel Dimayor de la UC, si entrenan con el equipo) que uno sin ellos. Lo mismo ocurre con Gabriela Mistral con Percy Werth, German Siegmund y Nicolás Alba.

La presencia de esos jugadores marca una distancia considerable. Por ejemplo, la Universidad Católica ha salido campeón del torneo nacional FENAUDE en variadas oportunidades en los últimos años. Y si no es campeón, es segunda. Ahora, defendiendo su corona conseguida en Valparaíso el año pasado, el cuadro que dirige también Miguel Ureta, ha ganado con holgura sus partidos. En su debut frente a la UTEM, a 4:38 de que terminara el partido, el “mono” hizo ingresar a los suplentes. Ganaron por 31 puntos (y con los suplentes casi medio cuarto en cancha). Lo mismo ocurre en la ODESUP.

¿Será bueno normar eso? En algún minuto, sí. Pero, por ahora, mientras no se cambie la mentalidad deportiva, mientras no se abra un abanico de opciones para poder hacer surgir la cultura deportiva necesaria para el país, creo que es plausible el que se de esta opción. Le da mayor espectáculo a los partidos. Esperemos que, prontamente, todas las selecciones universitarias tengan ese requisito de no tener profesionales en cancha, por el bien de nuestro chilito.

martes, 30 de septiembre de 2008

Francisco Pino
30 de Septiembre de 2008

4 Cuartos Súper 4


El fin de semana se realizó el torneo Súper 4 Copa Toyota en Concepción, competencia que pone fin a la Fase Zonal del Torneo DIMAYOR de esta temporada, en buen romance diría que es el mejor sábado y domingo para los verdaderos fanáticos del baloncesto criollo, donde se enfrentan los mejores equipos del momento: Deportes Castro, UdeConce, Liceo Mixto y Deportes Valdivia. Cuatro partidos de los cuales 3 son finales y uno donde nadie lo quiere perder. Son Cuatro Cuartos por 4 y me hace recordar lo que escribía en un tono jocoso en el foro de la página de www.DIMAYOR.cl.

La Previa: Como ocurre en estas instancias la “familia basquetbolística” se junta para disfrutar la competencia: unos llegaron tarde y otros muy temprano, lo importante es que todos estuvieron presentes. El ambiente de la primera jornada era de ansiedad, contando los minutos para el inicio y disfrutando del azul-amarillo y del blanco-rojo de las promotoras de las marcas auspiciadoras.

El primer encuentro-cuarto del fin de semana lo disputaron Deportes Castro y Liceo Mixto, el puntero de la competencia actual con el monarca del torneo pasado. Un duelo que prometía ser estrecho en el marcador, finalmente se lo adjudicó el equipo chilote por un expresivo 89-73, donde José Luis Campos (24), PJ Mills (27) serían las principales figuras castreñas y Patrick Sáez (21), que entregando su mayor esfuerzo, no logró contrarrestar esta marea de goles que trajeron los isleños.

El segundo encuentro-cuarto lo protagonizaron el dueño de casa, CD UdeConce, y Club Deportes Valdivia. Aunque mi corazón penquista deseaba lo mejor para el campanil, tenía algún grado de inseguridad sobre el quehacer del equipo de mi alma mater. Tomando las palabras del entrenador del equipo del Calle-Calle, Mario Spada: “la cenicienta de este Súper 4” se podría calzar el zapato que la transformaría en princesa y los planes del campanil se hundirían en el Bio Bio. Los príncipes Marcus Elliot (24), Deshawn Danzey (18) y el recién llegado Michael Wilds (17) no encontraron la dulce victoria. Sin embargo, Arteaga (27) y Agba (20), los “bellos mozos” penquistas se encargaron de poner fin al cuento con que los auricielos se quedaron con el encuentro con un expresivo 95-82. Y colorin colorado la primera fecha se había terminado.

El entretetiempo: Como ocurre en estas ocasiones, donde se encuentran los amigos del norte con los del sur, se produce una buena conversación, acompañada de sabrosos manjares y algunas bebidas espirituosas, lo que hace extender la jornada hasta altas horas de la madrugada. La mañana del domingo, como ya se esta haciendo tradición, se jugó el famoso partido de los amigos: el team de “Dando Bote” por un 72-60 doblegó al combinado del resto del mundo.

El tercer encuentro-cuarto enfrentaba a los equipos perdedores de la primera jornada. El ambiente se sabía calmo a pesar de algunas declaraciones que decían “jugaremos con los juveniles...”. En la práctica los valdivianos jugaron con sus mejores hombre y los liceanos cuidaron a Patrik Saez y a Rodrigo Espinoza para no aumentar las camas en la clínica del Mixto. Un partido de trámite extraño, donde en la primera mitad se dieron rachas en ambos quintetos. 13-0 impuso el elenco valdiviano y tras cartón los andinos se impusieron por un 15-1 cuando la chicharra ponía fin al segundo cuarto, con un marcador parcial de 40-41 a favor de los cóndores. En la segunda mitad el elenco dirigido por Pablo Ares se mantuvo con la ventaja faltando 6 minutos con 24 segundos para el final, de ahí en adelante el quinteto de la región de los ríos no permitiría ser sobrepasado en el marcador, quedándose con el tercer lugar por un marcador 98-95.

El cuarto encuentro-cuarto: La final entre los punteros del actual torneo DIMAYOR, los chilotes de Deportes Castro decididos a complicar a los del campanil rápidamente marcaron un 8-0, gentileza de dos triples y un doble de Velásquez. Por su parte, el elenco dirigido pot Jorge Luis Alvarez tímidamente reaccionaba acortando parcialmente la diferencia: 16-20 terminó el primer período. En el segundo cuarto, los universitarios comandados por Samuel Bravo reaccionan y lentamente se ponen arriba en el marcador 36-33 para ir al descanso. Al inicio de la segunda mitad, un triple de JL Campos pone equilibrio en el marcador, pero un sorprendente Kenell Sanchez ordenaría las cosas en la Casa del Deporte. De ahí en adelante, los universitarios no dejarían el liderato en la cuenta, a pesar de los airados reclamos del ayudante del técnico, hasta imponer el 83-79 final. Ganando el torneo y de paso adjudicándose el derecho de participar en la Liga de las Américas

Comentarios finales:

“De alta” está “Cochefo” Campos, tras su aparatosa caída y que motivó su salida inmovilizado en camilla, desde la Casa del Deporte, tras un choque con Kenell Sanchez.
Marcus Elliot de Valdivia fue premiado como el mejor jugador del torneo. No lo discuto.
Gonzalo Velásquez de Castro como el goleador. MMMM... sumando y restando…tengo mis dudas, tarea para todos.
Mauro Salinas se llevó al premio al fair play. Limpiecito el pequeñín.
Ni los incidentes en las tribunas empañaron la celebración de los Universitarios, que al final del partido los mismos exaltados se despidieron de buena parte de los asistentes con felicitaciones por el triunfo…eso merece una verdadera felicitación.

En definitiva, un fin de semana feliz, a pesar de que junto con el término del partido los amigos regresan a sus hogares, en el norte y en el sur. Habrá que esperar unos cuantos meses para jugar una nueva “pichanga” emulando a los que si saben jugar…

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Sebastián Alaniz M.
23 de Septiembre de 2008

Hagan sus apuestas


Lo primero es lo primero. Es de esperar que sea quien sea el ganador del próximo Súper 4, tenga desde ya en sus planes financieros la inversión que significaría la incursión del club en la Liga de las Américas y, por tanto, no estemos en unos meses más hablando de equipos parche, indecorosas bajadas con su respectiva sanción, refuerzos extranjeros de bajísimo costo y nivel o algo por el estilo. Luego, un segundo comentario al paso. Independiente de los motivos, generalmente económicos y siempre atendibles, qué pena que no se repitiese la instancia de llevar el básquetbol profesional a un lugar que no tiene actividad constante en este nivel, como si ocurrió con la versión del año pasado de este mini torneo, jugada en el gimnasio Sokol de Antofagasta. Me parece una excelente oportunidad para sembrar ganas por el basket en otros rincones de Chile, pero tengo claro que poder concretar iniciativas así va mucho más allá de las buenas intenciones. Dicho esto, a las apuestas.

Por el norte, dos potencias. Primero Universidad de Concepción, que cuenta con un trío de extranjeros que es, quizás (y digo quizás por lo bien que ha andado Osorno en la temporada regular respecto a esto), el que mejor se ha adaptado al trabajo del equipo (y no el equipo a ellos como suele ocurrir en los equipos de plantel corto y que dependen casi exclusivamente de lo que hagan los “gringos”), y con una rica base de plantel nacional que cuenta entre otros con la experiencia en la conducción de Marcelo Hernández, con un Evandro Arteaga, que todos sabemos lo que tira, y un cada vez más sólido Samuel Bravo, además de una muy talentosa “patrulla juvenil” que va a dar que hablar más temprano que tarde. Candidato seguro, quizás el que más, por lo que viene mostrando (a pesar del traspié de local con Boston College el pasado domingo), porque está acostumbrado a pelear cosas importantes y porque, y éste un extra que cualquiera se quisiera, es local y con las sillas que bordean la cancha de la Casa del Deporte repletas de fanáticos, los del campanil pueden asustar al más bravo. Un par de lesiones podrían complicar su opción, pero es firme contendor por el cupo.

Liceo Mixto es el otro “nortino” y es el otro complicado por las lesiones. Sus extranjeros Frey y Mason están prácticamente descartados y se rumorea que llegaría un poste argentino a cubrir estas ausencias. Momento complicado para un plantel que lo ha ganado todo en las últimas 2 temporadas y que, por lo mismo, es también siempre favorito. Briones, Patrick Sáez y Espinoza son de los que marcan diferencias en las instancias definitorias y eso es algo que prácticamente no se encuentra en los otros planteles en competencia.

Por el sur llega Valdivia, que viene con dificultades y que en las últimas fechas ha mostrado una Elliot-dependencia fuerte. Va a depender mucho del trabajo que se haga en torno al escolta extranjero la suerte que pueda tener el CDV. Mejorar las pantallas para procurarle mejores tiros a Marcus aparece como una prioridad, sobre todo si el que las hace es Bishop, que luego puede quedar abierto para su certero tiro de 3. Complicado pensar en el título, pero no imposible. Y ya que mencionamos a los jóvenes penquistas, también aquí hay una cantera interesante, aunque se ha ido quedando en las últimas fechas.

Dejo para el final a Castro, que aparece como el menos “tradicional” de lo equipos de este súper 4, pero que llega por segunda vez consecutiva a esta instancia, con una campaña sólida, que los mantiene líderes de la dimayor y que es su principal carta de presentación para este torneo. Por el momento que viven, que a nadie le extrañe que estén dando dura batalla por el cupo.

Y como dicen en México…ustedes ¿a quién le van?... Hagan sus apuestas.

martes, 16 de septiembre de 2008

Marco Antonio Escobar
16 de Septiembre de 2008

Los números no mienten,

pero a veces engañan


Antes de comenzar la temporada 2008-2009 de Dimayor, mucho se dijo respecto a lo positivo o nefasto que resultaría la inclusión de tres extranjeros por equipo (dos obligatorios y uno opcional).

Se habló de lo perjudicial que sería el incluir a tanto foráneo en una liga pequeña, con equipos pobres y en un básquetbol con escasa renovación. Los que estaban en contra de la medida afirmaban que los equipos “ricos” contratarían a los mejores extranjeros, que sumados a sus buenos nacionales le darían mayor ventaja por sobre el resto de los competidores. Además, Dts y dirigentes alegaron por el daño que haría a los jóvenes que comienzan en el deporte, pues no verían minutos de juego y no podrían desarrollarse, con lo cual la posible aparición de nuevos valores quedaría sepultada sin remedio.

En la vereda opuesta se encontraban quienes argüían que se daría una mayor competitividad en el torneo. Ellos asumían que tres extranjeros en cada plantel acercarían a unos y otros, pues el dinero no asegura contar con el mejor refuerzo foráneo (por razones que podemos abordar en una columna futura). En cuanto a la renovación, los que apoyaban la medida afirmaban que esto favorecería el desarrollo de los más jóvenes, pues deberían esforzase más durante los entrenamientos para ganar minutos en el campo de juego (y a ello se sumaría el que es mejor practicar contra un extranjero que contra un nacional).

Pues bien, para ver quien pudo o no tener razón –y aunque es temprano aún para emitir juicios definitivos-, pasamos a hacer un análisis de los fríos números, los únicos que no caen en subjetividades o se dejan impresionar por uno u otro argumento. Hay que dejar en claro, eso si, que para que fuese lo más real posible debería ser comparativo con lo visto el año pasado quizá, pero en virtud del tiempo eso no fue viable.

Lo que respecta a la supuesta paridad: Hasta ahora se han jugado 95 partidos en lo que va del torneo, incluyendo todas sus fases (zonal, play off zonales y etapa regular), de los cuales sólo el 18.95% se han cerrado con una diferencia igual o mayor a 16. Diferencias de 15 tantos o menos se han observado en un 81.05% de los encuentros, mientras un 60.00% ha concluido con un delta de 10 canastas, o inferio. El no despreciable 30.53% de los enfrentamientos ha finalizado con el ganador imponiéndose por 5 pts o menos. Además 6 duelos han debido ir a alargue (6.31%), y dos de ellos requirieron de un doble overtime.

Las cifras hablan de cierta tendencia a la paridad, pues dominan los partidos de final estrecho por sobre los que concluyeron en goleadas. A lo anterior podemos agregar que entre los seis primeros en la tabla de posiciones hay apenas 1.5 ptos de diferencia (menos de dos encuentros de diferencia); entre el puntero y el noveno hay sólo 4; y el delta que separa al séptimo del último es también de 1.5 ptos. O sea, por ahora la competencia está peleada…pero, queda ver si esto se mantiene o la realidad futura nos dice otra cosa.

En cuanto a la “renovación”, los numeritos nos entregan los siguientes datos: Por fecha se disputan 6 partidos, lo cual implica 12 equipos que salen a la cancha, presentando un total de 144 jugadores. Hasta el día de hoy, han visto minutos en forma relativamente consistente aproximadamente 33 jóvenes menores de 23 años, lo cual representa un 22.9%. Dicha cifra resulta muy cercana al 25% que alcanzarían los extranjeros si jugasen tres por equipo en todos los duelos disputados (cosa que hasta ahora no se ha dado). Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que la cantidad de menores de jugadores sub 23 está empatada e incluso podría superar levemente al número de extranjeros que juega cada fin de semana.

Da la impresión que el aumento del cupo de extranjeros no ha limitado la aparición o figuración de los valores más jóvenes. Al parecer, ha afectado más a jugadores de entre 25 y 35 años, que por muchas temporadas tuvieron minutos importantes en la principal liga cestera de nuestro país, y que hoy han quedado al margen de los distintos equipos ¿Nombres? Para qué.

¿Entonces? …Que cada cual saque sus propias conclusiones.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Pablo Vargas
9 de Septiembre de 2008

Con la Liga, ¿el básquet la liga?


Probablemente, para muchos, el título de este blog no diga nada. Para aquellos que, como yo, de algún modo nos identificamos con cierta parte de la cultura deportiva de Argentina, el título es más claro.

Para entenderlo, eso sí, hay que apuntar algunas cosas. Primero, que en la décima acepción del diccionario de la RAE, ligar es un argentinismo que se usa en los juegos y que significa ganar. Luego, hay que decir que -de algún modo- me declaro argentinófilo. Claro: no sé lo que saben algunos amigos, pero sí me declaro un fiel seguidor y medianamente conocedor del medio deportivo trasandino.

Por eso, también, aplaudo la organización de la Liga Nacional de básquet argentino, la actividad que nos convoca en este blog. A partir de la reorganización de la competencia interna, propiciada a principios de la década de los 80’ por el técnico León Najnudel y secundado por el periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (“ORO”, el gran redactor de baloncesto de la época dorada de la revista El Gráfico), esta actividad comenzó a tener un desarrollo que la tiene posicionada hoy como una de las principales potencias a nivel mundial, gracias a una selección que en Beijing se acaba de consolidar como la mejor de la última década, por ejemplo, generando una cantera inagotable de talentos.

Muchos rebatirán que la competencia interna allende los Andes no es la mejor. Probablemente, no está cerca de ser la de mejores sueldos, ni la de tener extranjeros brillantes, ni la de los clubes más sólidos y solventes en lo institucional. Sin embargo, su paridad deportiva y su constante necesidad de generación de nuevos valores la han convertido en la base de la enorme potencia que es Argentina en el básquet mundial, donde es autoridad. Y, más allá de que en algún momento se quedarán sin Ginóbili, Oberto, Nocioni o Delfino, queda claro que encontraron la fórmula parar sostenerse en el tiempo, gracias a que su Liga Nacional es terreno fértil, da frutos y están a la vista.

A lo que se apunta con esta letanía es que, tras el bullado fracaso de la selección chilena en el Sudamericano absoluto de Puerto Montt, resurgió la idea de contar con una Liga Nacional, en la que habría tres categorías: una profesional –que sería la Dimayor-, más dos series de ascenso, una B (que contaría con un extranjero) y una C (sólo con nacionales, más “amateur”). Con el ascenso y descenso de categorías, la idea parece bastante apropiada. Ahora, claro, tal vez si se planificara con más calma y se desarrollara la idea de un modo más participativo por parte de los estamentos que conforman “la familia” del básquet, me gustaría más.

Por lo pronto, creo que la Liga es lo correcto. Pero no me parece tan acertados ciertos matices que se proponen: la exigencia de algún juvenil en cancha o una edad de tope en los adultos que conforman los planteles en las series de ascenso. Básicamente, por dos motivos: uno, porque me mueve la convicción de que los cupos en cancha no se otorgan por decreto, sino que se ganan. Luego, porque a niveles aficionados me parece que los tipos con 35 años, más o menos, no sólo están en condiciones de jugar, sino de entregar su experiencia a los más jóvenes. Acá me tomo una licencia y juego a la autorreferencia… Una de las cosas que más agradezco fue haber coincidido en un equipo, entrenando y compartiendo los vestuarios y la banca con Carlos “Kiko” Lauler, el mejor escolta que ha dado Magallanes. Y cuando nos topamos él tenía más de 30 años. Sin embargo, su calidad y capacidad de transferir conocimientos, fue clave para los jóvenes que ahí estábamos. Tratándose de clubes “amateurs”, el ejemplo es más que válido, así hayamos sido todos los juveniles muy malos y no hayamos llegado a ninguna parte como jugadores (cosa que, por cierto, fue al revés).

En resumen, la idea está buena. Se está haciendo a la rápida, apuradamente, sin mucho debate. Pero es importante que se comience a jugar más y, sobre todo, que de una buena vez por todas, esta competencia implique que los chicos, los jóvenes, comiencen a tener más partidos por temporada, de mayor exigencia, en canchas que le sean nuevas, ante rivales más desconocidos. Si la Liga Nacional no aporta a la competencia de cadetes y de juveniles, el esfuerzo, una vez más, será en vano.